Sin duda Tim Burton es un tipo especial, especial y complejo. Todas sus películas tienen le misma vertiente onírica que va desde la realidad más real hasta el sueño más fantástico, sin embargo como tantos artistas a veces resulta predecible, predecible y repetitivo utilizando los mismos recursos de forma reiterativa, al amigo Johnny Deep, que por mucho que me guste, empieza a sobreactuar, o al menos parecerlo, la animación o la forma de presentar sus trabajos. Como ya he hablado alguna vez acerca de otros artistas, más de lo mismo.
Sin embargo hay dos pelis que creo merecen subrayarse del resto de su obra, una es Eduardo Manostijeras ( de ésta hoy no voy a hablar ) y Big Fish. De ésta última sí.Hace unos días tuve el plancetero placer de volver a disfrutarla y como resumen a mi experta visión del cine diré que al llegar al The End dije" qué peliculón ", luego me fui al sobre y no volví a pensar en la peli hasta hoy.
Descubrí al revisarla, que en el reparto volvía a utilizar sus habituales recursos, como su esposa en la vida real, la bruja cuyo ojo de cristal es capaz de predecir la forma en que la muerte nos encontrará en algún punto del camino, la pobre mujer debe estar hasta al gorro de salir en sus pelis. También salía el Sr. Galindo..., no se si os acordais de los pigmeos africanos que bailaban antes de eliminar a uno de los inverbes jugadores en Charlie y la Fábrica de Chocolate... Lo raro es que con la fijación que tiene el tipo, no haya vuelto a utilizar a Ewan McGregor en algún otro film. En mi opinión a partir de aquí la película se convierte en, como dije antes, un peliculón, MacGregor hace un papel increíble, crea una evolución del mítico Juan Sin Miedo que no deja de sorprendernos hasta el final. Para el que no la haya visto, la historia narra la vida de un hombre que, ávido de experimentar nuevas sensaciones, deja su pueblo natal en busca de historias inverosímiles que al envejecer irá contando sin pausa hasta el punto de que el espectador no sabe discernir entre la realidad y la ficción.
El final es muy bonito, una forma de decirnos que la sal de la vida la podemos poner cada uno y que a veces nuestra propia forma de ver o vivir las experiencias puede marcar la difencia entre llevar la monótona y asqueada vida de un vendedor ambulante o la que podría llevar una explorador de mundos siderales en el siglo treintayuno. Muy recomendable y muy bonita. un peliculón, sin lugar a duda



