Me es inevitable comparar en este caso, el cómic con el cine, la estética de Will Eisner con una de mis películas favoritas de Billy Wilder, El Apartamento. Las clásicas fachadas de los edificios de Nueva York unidas por el papel timbrado del tebeo o por el cartón piedra de los decorados, peldaños que se elevan hasta una puerta en dónde habita el aburramiento con abrigo y orejeras, tardes frías de invierno, gente en la calles, la noche y el día, el blanco y negro que luce más que el color más colorido, personajes con traje negro, corbata y camisa arrugada, amor a segunda vista, esto es Billy Eisner, esto es para mí, El apartamento.Supongo que no descubro nada nuevo y que la mayoría de vosotros la habeis podido disfrutar alguna vez, pero en estas líneas quiero elogiar la forma en que Billy Wilder nos cuenta una historia de amor sin grandes adornos, una historia real en la que, sin besos ni arrumacos, nos muestra el dolor por el sentimiento no correspondido, la parte buena de las personas, la vil y una lección que nos recuerda que "el que la sigue la consigue". Jack Lemmon a
Wilder, salvando las distancias que hay bastantes, es como Johnny Deep a Tim Burton, regala una interpretación sin igual cambiando de registro pasando por la risa elegante sin apertura de boca, al llanto apaciguado sin grandes lágrimas pero con algún que otro ahogo contenido ( mira que me lo dice el psicólogo, desahógate, suelta lo que llevas dentro coñoooo..... ). Destacar también la actuación de Shirley Maclaine que interpreta un personaje que padeciendo también el síndrome del desamor al final es capaz de ver la realidad con la mirada y el corazón abierto, guapísima y atractiva.Próximamente en la Gran Pantalla

